Descarga el archivo digital de este periódico en versión editorial y conoce más a fondo las semblanzas y los temas que aquí te presentamos.
Ejidatarios y productores compartieron sus preocupaciones sobre la tierra, el agua y las condiciones del campo. Como lo he dicho con responsabilidad: la esperanza continúa. Durante el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador se impulsaron programas importantes como Sembrando Vida, y hoy con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo se da continuidad a la transformación, atendiendo temas fundamentales como el agua y el fortalecimiento del campo.
Cientos de mujeres marcharon este #8M por las calles de Xalapa para alzar la voz por la igualdad, la justicia y un alto a la violencia.
Madres, jóvenes, colectivas y ciudadanas unidas en una misma causa: que las mujeres vivan con dignidad, respeto y derechos.
Las mujeres luchando, al mundo transformando.
¡Ánimo!
Como senador de la República, pero sobre todo como mexicano formado en la memoria de un país que supo lo que significa la intervención y el atropello, acompaño el posicionamiento de nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ante lo ocurrido en Venezuela. México tiene una postura firme, clara e histórica frente a cualquier forma de intervención, y hoy vuelve a sostenerla sin ambigüedades.
Por eso respaldo con determinación que la soberanía y la autodeterminación no son negociables; son principios del derecho internacional que deben respetarse siempre, sin excepciones. Y si algo nos ha enseñado la historia del continente es que la acción unilateral y la invasión no abren caminos de paz ni de desarrollo: dejan heridas, fracturas y dolor. México no está en contra de nadie: está a favor de una relación entre iguales, basada en cooperación para el desarrollo, entendimiento y respeto mutuo.
En los últimos días se ha
hablado mucho de la reforma a la Ley de Amparo y de la reserva que presenté en
el Senado. Algunos han querido interpretarla mal o usarla para generar
polémica. Por eso quiero explicarle al pueblo con toda claridad qué propuse, por
qué lo hice y qué busca realmente esta modificación.
La reserva que presenté no
quita derechos, no cambia juicios pasados ni afecta a nadie que tenga un
proceso en curso. Lo que hace es ordenar la aplicación de la nueva ley para que
los juicios que ya están abiertos sigan su curso con reglas claras y actualizadas,
sin violar el principio constitucional que prohíbe la retroactividad de la ley.
¿Qué significa esto en
palabras sencillas? Significa que nadie va a perder un derecho ganado. Si
alguien promovió un amparo con base en la ley anterior, su caso seguirá bajo
esas mismas reglas. Pero si hay audiencias, notificaciones o trámites que
todavía no se han hecho, entonces esos pasos pueden seguir las nuevas normas,
que son más claras, más modernas y evitan el abuso.
Para que se entienda mejor,
imaginen tres casos muy comunes:
1. Un
amparo en materia fiscal. Antes, una empresa podía interponer amparos una y
otra vez para retrasar durante años el pago de impuestos. Con la reforma, los
juicios en curso seguirán, pero ya no podrán usar el amparo como herramienta
para evadir el cumplimiento de una sentencia firme. La justicia no se cancela,
se acelera.
2. Un
amparo en materia ambiental. Si una comunidad interpuso un amparo por
contaminación de su río, el proceso continuará sin cambio alguno. Lo que sí
cambia es que ahora habrá plazos más definidos y juicios digitales, lo que hará
más rápido el acceso a la justicia.
3. Un
amparo por violaciones de derechos humanos. Estos casos seguirán siendo
prioridad. La reserva garantiza que nadie quede sin defensa y que los juicios
en curso se resuelvan con las mismas garantías de siempre, pero con un
procedimiento más ágil y transparente.
En todos los casos, la clave
es la misma: se aplica la nueva ley sin afectar derechos adquiridos.
Los artículos reformados se
aplican de forma prospectiva, es decir, hacia adelante, y no tocan situaciones
pasadas. Además, como lo señala la jurisprudencia de la Suprema Corte de
Justicia de la Nación, las leyes procesales —como la del amparo— pueden aplicarse
a los actos futuros sin violar derechos, siempre que no cambien el resultado de
lo que ya se resolvió.
Esto no lo digo yo. Lo dice la
propia Ley de Amparo en su artículo 217, que establece que la jurisprudencia de
la Suprema Corte y los Tribunales Colegiados es obligatoria para todas las
autoridades judiciales. En pocas palabras: lo que hoy se aprobó como ley ya
existía como criterio obligatorio, solo que ahora está escrito con toda
claridad para evitar abusos y confusiones.
Por eso no hay retroactividad
ni violación de la Constitución. Lo que hay es una ley más fuerte, más moderna
y más justa.
Es importante dejar claro que no
actué solo. Esta reserva, como todas las decisiones que tomamos, forma parte
del trabajo conjunto de un grupo parlamentario comprometido con la justicia,
con el pueblo y con el proyecto de transformación del país. Aquí no hay
protagonismos personales ni ocurrencias individuales; hay un esfuerzo colectivo
para legislar con responsabilidad y coherencia, siempre con base en el mandato
popular que nos confió la tarea de cambiar el sistema y devolverle a la
justicia su sentido humano y social.
Este cambio tiene un espíritu
muy claro: proteger el derecho del pueblo a una justicia efectiva y terminar
con el uso del amparo como escudo de los poderosos.
Durante décadas, el amparo fue
usado por grandes corporaciones, despachos fiscales o personajes con
influencias para detener investigaciones, congelar procesos o evitar pagar
impuestos millonarios. En algunos casos, se usaba incluso para impedir la aplicación
de políticas públicas o frenar obras de beneficio social.
Eso se acabó. Con esta
reforma, el juicio de amparo vuelve a su esencia: proteger al ciudadano común
frente a los abusos de poder, no servir como herramienta para el privilegio o
la corrupción.
Mi propuesta busca
precisamente eso: ordenar el proceso, dar seguridad jurídica y cerrar los
resquicios legales que por años fueron aprovechados por quienes tienen dinero e
influencias.
La justicia debe ser pareja.
No puede haber una para el pueblo y otra para los poderosos.
La reserva que presenté tiene
un solo propósito y es el que la nueva Ley de Amparo funcione mejor, sin
ambigüedades y sin trampas. Quien diga que es retroactiva, se equivoca o quiere
confundir. Esta modificación da certeza, fortalece la justicia y garantiza que
los juicios pendientes se resuelvan de manera más rápida, clara y justa.
La Cuarta Transformación no
legisla para beneficiar a unos cuantos, sino para que la justicia llegue de
verdad a todos.
Porque la ley debe proteger al
pueblo, no blindar privilegios. Porque la justicia no puede seguir siendo
lenta, cara y manipulada. Y porque el amparo, orgullo del derecho mexicano,
debe seguir siendo un instrumento de libertad, no un negocio de impunidad.
Así de claro, así de sencillo.
Ánimo, que la justicia ahora sí está del lado del pueblo.
Celebro que el Senado haya aprobado la modificación a la Ley del INPI para reconocer a los pueblos indígenas y afromexicanos como sujetos de derecho público, con personalidad jurídica y patrimonio propio. Este avance responde a una exigencia histórica y reafirma que la grandeza de México está en sus pueblos y culturas. Seguiremos impulsando una Cuarta Transformación con justicia y dignidad para todas las comunidades.